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LECTURAS PARA EL Miércoles, 28 de Julio del 2010 Tiempo Ordinario: (2da Parte) | Primera Lectura Jer 15, 10. 16-21
¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? Ay de mí, ¡madre mía!, ¿por qué me diste a luz? Soy hombre que trae líos y contiendas a todo el país. No les debo dinero, ni me deben; ¡pero todos me maldicen! Cuando me llegaban tus palabras, yo las devoraba. Tus palabras eran para mí gozo y alegría, porque entonces hacías descansar tu Nombre sobre mí, ¡oh, Yavé Sabaot! Yo no me sentaba con otros para bromear, sino que, apenas tu mano me tomaba, yo me sentaba aparte, pues me habías llenado de tu propio enojo. ¿Por qué mi dolor no tiene fin y no hay remedio para mi herida? ¿Por qué tú, mi manantial, me dejas de repente sin agua? Entonces Yavé me dijo: "Si vuelves a mí, yo te haré volver a mi servicio. Separa el oro de la escoria si quieres ser mi propia boca. Tendrán que volver a ti, pero tú no volverás a ellos. Haré que tú seas como una fortaleza y una pared de bronce frente a ellos; y si te declaran la guerra, no te vencerán, pues yo estoy contigo para librarte y salvarte. Te protegeré contra los malvados y te arrancaré de las manos de los violentos." | Salmo Sal 59, 2-3. 4-5. 10-11. 17. 18
¡Dios mío, líbrame de mis enemigos, protégeme de mis agresores; líbrame de los que hacen la maldad, sálvame de los hombres criminales!
Mira cómo acechan a mi vida, cuántos poderosos se juntan contra mí. Señor, en mí no hay crimen ni pecado, pero sin falta mía acuden y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira.
Oh tú, mi fuerza, hacia ti miro, pues Dios es mi ciudadela. Si mi Dios viene a mí en su bondad, me hará ver la pérdida de los que me espían.
Pero yo cantaré tu poder, y desde la mañana contaré tus bondades; porque tú has sido para mí una ciudadela y mi refugio en el día de la angustia.
Oh fuerza mía, yo quiero cantarte; mi Bastión es un Dios siempre bueno conmigo.
| Evangelio Mt 13, 44-45
EL TESORO, LA PERLA Y LA RED El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo. Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: un comerciante que busca perlas finas. |
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